A principios de
siglo, un par de sinvergüenzas llamados Truman Hunt y Richard
Scheindewind anduvieron compitiendo por EEUU y Europa por ver quién organizaba
el mayor y más impactante espectáculo con indios de la tribu de los Igorrote,
ambos tipos, veteranos de la guerra hispanoamericana, durante años encontraron
un auténtico filón en el negocio de montar campamentos con familias enteras llevadas
desde las zonas rurales de Filipinas hasta lugares como Cony Island bajo la
promesa de un salario fijo.
Tuvieron mucho
éxito, y como era de esperar, los indios no vieron un céntimo, durante años,
diversos grupos fueron mostrados sin pudor y sin respeto, en condiciones miserables, ante cientos de muy dignos, muy respetuosos y muy civilizados occidentales, que religiosamente pagaron su entrada
para poder reír y comentar el asunto entre codazos y de paso escandalizarse a gusto, por ver unos congéneres en taparrabos.
Vía Smitshonian

