En este oficio de escritor metido a jurado
literario de los #PGB17 hay que estar atento a las limitaciones; a las ajenas ―de eso se
trata después de todo―, y a las propias. A estas últimas más que a ninguna, porque
para hacer una labor medianamente digna y justa, quizás hay que pasar por una
breve autoevaluación previa para tener claros los sesgos de uno mismo. Para
conocer el color del cristal con el que miras, tus filias, tus fobias y sobre
todo las ideas preconcebidas que inevitablemente te asaltan antes de la
lectura.
Si soy plenamente sincero, debo decir que en mi
vida jamás se me hubiera ocurrido leer “Y
abrazarte”. Y nunca hubiera leído este libro precisamente por esas ideas
preconcebidas.
Y es que externamente el libro tiene corazoncitos.
Muchos corazoncitos muy cuquis todos
ellos. Y tipografías coloridas. Y si además lees la sinopsis encontrarás que es
un libro de relatos centrado en el amor, un amor donde sus sujetos activos y
pasivos son exclusivamente mujeres.
Así pues, ante esas premisas, con mi cerebro Neandertal
en alerta, me dispuse a leer para acto seguido caer del burro, y es que “Y abrazarte” es un libro muy bien escrito.
Cuentan que los maestros de la pintura lo son no
sólo por su manejo del dibujo, que también, sino por su capacidad de controlar
la luz. Si el dibujo delimita y separa, la luz es lo que da color, volumen y
vida, es lo que rescata el motivo, el sujeto retratado de la oscuridad más
absoluta.
El caso es que “Y abrazarte” es una antología de
relatos donde la luz está aplicada con mucha sabiduría. Una luz que riega las
historias desde su estructura interna hasta su argumento, y deja claroscuros.
Porque la vida está hecha de luz y claroscuros. Porque el amor está hecho de
luz y claroscuros.
Pero no sólo esto es reseñable. Porque también
está la forma magistral con la que retrata el tiempo. Hay momentos en los que este
se expande, párrafos en los que el intervalo retratado se estira como un chicle
a través de los días, los meses y los años perdidos. Y hay otros que retratan
el momento, la chispa, el fogonazo. Clara Asunción García consigue entonces
transmitir al lector esa sensación por la cual todo enamorado levita ajeno a
las leyes espaciotemporales de la física.
Termino. No quiero hacerlo sin resaltar los dos relatos
que más me han gustado:
En primer lugar “Y abrazarte” que es sin duda la joya de la corona, no es de
extrañar que de nombre a la antología. Un relato muy bien escrito, con un
manejo bestial de los diálogos ―algo extensible a toda la antología―, realista,
inteligente, que mueve al lector continuamente entre la comunicación verbal y
no verbal de sus personajes, que retrata con precisión el dolor por el pasado,
la inquietud por el presente y la ilusión por el futuro.
«Fue la mujer sentada a la mesa sobre la que
reposaba esa fotografía. Esa mujer, que
era Laura. Laura, que me había mentido.
—Dime que te ha enviado tu madre y que ella está a punto de llegar».
En segundo lugar, sin desmerecer al resto, me ha
gustado “La mujer en mi corazón” porque
es una declaración preciosa, una exaltación del querer, valiente, poética, personal,
rápida, divertida y abrumadora.
«Tengo a
una mujer clavadita en el centro de mi corazón, que me lo parte, lo escinde, lo
apuñala, lo siega, sosiega, reverdece, ilumina y colma».
La antología la completan «Fire», una historia dura a la par esperanzadora, «Buenos días mundo», cuento íntimo,
físico y sensorial, «¿Te lo puedes
creer?», reivindicativo y alegre, y por último «Imperator amorosa» y «Corazón cuarteado», en los que la autora vuelve sobre sus pasos para dar una vuelta más
al poderoso retrato del sentimiento que articula toda la obra. El amor.
Resumiendo. Me alegro profundamente de haberme
topado con la literatura de Clara Asunción, una escritora estupenda que a pesar
de escribir un género con el que normalmente no disfruto, ha conseguido
cuartear sin miramientos esas ideas preconcebidas que tanto nos limitan a la
hora de escoger un libro.
