Hay obras que parecen esperarte en un punto del camino, en un
punto de tu camino. El momento adecuado en el sitio adecuado, quizás si accedes
a ellas antes de tiempo o demasiado tarde, esas obras son como semillas
malogradas, se secan y no germinan o se pudren por exceso de agua. Pero si brotan
en su momento y se les da su tiempo, pueden formar árboles centenarios bajo los
que cobijar la razón. Cada uno debe encontrar los motivos para abrir un libro
y también para cerrarlo. Estos son mis motivos para leer a Borges:
1.―Por el lenguaje. Algo evidente, o no. Multitud de clásicos
son difíciles de leer y es normal. Para que un clásico sea clásico pasan muchos
años de por medio y el lenguaje cambia, la sociedad cambia, así que su
lectura exige también un cambio. Un reset
previo que muchas veces los lectores no sabemos hacer. Pero luego están los
monstruos. Los autores inmortales. Lo que dicen y cómo lo dicen tiene vigencia
ayer, hoy y en un futuro muy lejano, cuando las cucarachas gobiernen la tierra.
Borges es uno de esos tipos.
2.―Por el formato. Lo poco enamora y lo mucho empalaga. Si
no lees cuentos probablemente estas perdiendo el tiempo. Si lees cuentos pero
no has leído a Borges estas empezando a construir tu casa por el tejado.
3.―Por el género. Definir a Borges como literatura de género
―ciencia ficción, fantasía o terror― es probablemente un atrevimiento. Pero
definir a Borges como uno de los padres de la moderna literatura de género es
una afirmación que defenderé en duelo a primera sangre contra cualquiera. Si te
gusta esa clase de libros no dudes en leer su obra, te dejará con la boca
abierta, con la baba cayendo hasta tus pies. Haciendo plop, plop, plop mientras
tu cabeza explota.
4.―Por aquello que algunos llaman metaliteratura. Por la
realidad que esconde la fantasía. Aquí meto un ejemplo a modo de explicación. Resulta
que hubo un físico llamado Everett que formuló la famosa teoría de universos múltiples
en 1957. Resulta que Borges ya había jugado con esa idea dieciséis años antes,
en el «El jardín de los senderos que se bifurcan». Y es que la literatura tiene
la potestad de imaginar la realidad antes de que la ciencia la explique. Al menos la buena
literatura, la borgiana.
